Darcy O’Brien El Papa Oculto Darcy O’Brien



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Darcy O’Brien
El Papa

Oculto

Darcy O’Brien

EL PAPA

oculto


Javier Vergara Editor

GRUPO ZETA

Barcelona / Bogotá / Buenos Aires

Caracas / Madrid / México D. F.

Montevideo / Quito / Santiago de Chile

Título original: The Hidden Pope

Edición original: Daybreak Books / Rodale Books


Traducción: Fernando Mateo
© 1998 Darcy O'Brien

© 1999 Ediciones B Argentina, S.A.,

para el sello de Javier Vergara Editor

Paseo Colón 221, 6° - Buenos Aires (Argentina)


Printed in Spain ISBN: 950-15-1989-9

Depósito legal: B. 17.377-1999


Impreso por CAYFOSA INDUSTRIA GRÁFICA, S.A.
Diseño de tapa: Raquel Cañé

Este libro está dedicado al respeto y el amor entre cristianos y judíos

Como cristianos y judíos que seguimos el ejemplo de la fe de Abraham estamos llamados a ser una bendición para el mundo. Ésta es la tarea común que nos espera. Por lo tanto, la necesidad más urgente es que nosotros, cristianos y judíos, seamos una bendición los unos para los otros.

Juan Pablo II, en el quincuagésimo aniversario
del levantamiento del gueto de Varsovia,
6 de abril de 1993

El proselitismo no es una actitud de amor, ni de conocimiento.

Cardenal Johannes Willebrands,


en conversación con el autor,
Roma, 1996

Esto es lo que siempre debéis hacer vosotros: decid siempre la verdad unos a otros, juzgad con justicia y procurad la paz en los tribunales.

Zacarías, 8:16

Muchas veces el hombre moderno se enfrenta a la Creación con un espíritu utilitarista, o bien con un sentimiento estético o hedonista. De esta forma, fácilmente se olvida de que los verdaderos valores de la verdad, la justicia y la paz deben actuar dentro de la Creación misma.

En la tradición hebrea, la verdad, la justicia y la paz son atributos y sinónimos de la propia divinidad. Trabajar en favor de estos ideales significa poner los cimientos para la armonía y el amor entre los hombres: la presencia de Dios aparece en medio de la Creación y, al mismo tiempo, se convierte en la elevación de la Creación hacia la divinidad en una perfecta unión.
Rabino doctor Abramo Alberto Piattelli
Vaticano, 27 de febrero de 1998

Sr. Ingeniero Jerzy Kluger

Vía F. Denza 19

00191 Roma


Querido Jerzy:


Este año se cumple el sexagésimo aniversario de nuestra graduación en la escuela secundaria. Todos nosotros regresamos con el corazón y los pensamientos a nuestros años de juventud, aquellos que vivimos en Wadowice desde la escuela elemental hasta que dimos nuestro examen final en la escuela secundaria que lleva su nombre en homenaje al profesor Wadowita. Nos unían pasatiempos semejantes y juntos dábamos forma a nuestro futuro bajo la guía de nuestros excelentes profesores, que nos educaban en el espíritu de la tolerancia mutua, el respeto por nuestros semejantes y el sacrificio por nuestra patria.

Algunos de nuestros compañeros dieron su vida luchando contra los opresores. Tu familia sufrió las tragedias más terribles durante la guerra.

Llevo en mi corazón a todos los que murieron y a todos vosotros, a quienes el destino os ha permitido vivir para ver el sexagésimo aniversario de nuestra graduación, y rezo por todos vosotros.
Juan Pablo II

Prefacio


Creo que la intención de Darcy O'Brien, el autor de El Papa oculto, era que su libro debía tener tres protagonistas.

El principal, que no se nombra de modo directo y, por lo tanto, se halla en cierta manera oculto, pero que está constantemente presente en primera línea —simplemente porque constituye el entorno esencial de toda la historia de la amistad entre los otros dos protagonistas, Jerzy Kluger y Karol Wojtyla—, es el antisemitismo. Se trata sobre todo del antisemitismo polaco, y católico. Darcy O'Brien lo presenta en su libro como un problema importante, como un drama problemático y, más aún, como un conflicto moral y religioso que por este mismo motivo requiere una consideración rigurosa y un empeño constante en la búsqueda de su solución.

Así, surge de las profundidades de ese entorno y se muestra al lector. Aparece en el corte transversal del libro de Darcy O'Brien a través de Karol Wojtyla, a quien en su relación con su condiscípulo Jerzy Kluger, judío, en Wadowice, vemos como la proverbial excepción a la "regla", como la excepción a la "práctica común del antisemitismo". De hecho, Karol Wojtyla, polaco y católico, se hace amigo —y sigue siéndolo, irrevocablemente— de Jerzy Kluger, judío. Parecería que en los corazones de los dos amigos el problema del antisemitismo queda "borrado" de una vez y para siempre. La amistad de Karol por Jerzy es un modelo de solución. Ellos no estaban separados por la raza, ni mucho menos por la religión. La diferencia de raza no debería dividir a la gente, sino más bien unirla. Todos somos hijos del mismo Dios creador, hijos del mismo Padre y, por lo tanto, hermanos y hermanas.

La amistad de Karol Wojtyla y Jerzy Kluger se consolidó definitivamente cuando aquél vivió la tragedia de la familia de éste, víctima del exterminio criminal por razones exclusivamente raciales durante los años de la ocupación de Polonia por la Alemania de Hitler. También el destino de Jerzy, que luchó como soldado por una Polonia libre e independiente, y como soldado en el exilio y patriota polaco cabal, contribuyó a cimentar el fuerte sentimiento que ya los unía. Desde las colinas que rodean Wadowice, la ciudad natal de los dos amigos, durante aquellos trágicos años uno podía ver e incluso oler el humo de los crematorios del campo hitleriano de exterminio de Auschwitz-Birkenau. El joven Wojtyla no podía mirar en esa dirección sin sentir el peso de aquel drama, sin reflexionar en lo más íntimo de su corazón acerca de la inmensa tragedia que escondía aquel lugar espectral. Una tragedia que afectaba a personas que le eran muy cercanas. En este contexto, O'Brien presenta al lector los contornos de la imagen viva de Karol Wojtyla en la perspectiva del excepcional papel de estadista más encumbrado, que la Providencia le tenía reservado. Será él quien entrará en la escena de la historia de la humanidad como el papa Juan Pablo II, "Pedro de nuestro tiempo", y quien dará forma por primera vez en la historia de la Iglesia —con su propio y novedoso estilo, al que no le faltará la influencia de su duradera amistad con Jerzy Kluger— a la relación de la Iglesia de Cristo con los judíos de todo el mundo. Al mismo tiempo, tiende la mano a los judíos, a quienes llama "hermanos mayores en la fe", una nueva forma de considerar su relación con la Iglesia y con todos los católicos practicantes.

Con estas pocas palabras, he creído interpretar correctamente el leitmotiv que condujo a Darcy O'Brien a escribir este libro. Considero superfluo explicar por qué comparto tan profundamente los nobles propósitos que le animan.

Como no soy historiador, no me siento capaz de juzgar de forma adecuada la totalidad de los hechos a los que se refiere este libro, ni de dar una opinión autorizada con respecto a las proporciones de la acción. Por lo tanto, haré una observación de la que deduciré una, y sólo una pregunta. Tomemos un ejemplo. Una familia católica campesina, polaca, normal, de las cercanías de Cracovia, que conozco a fondo simplemente porque nací, crecí y fui educado en ella. Esta familia no me parece diferente de la familia de funcionarios en la que Karol Wojtyla nació y se educó.

Me parece que la relación con el "tema principal" del libro de O'Brien, es decir el antisemitismo, era más o menos la misma en ambas familias. Además de esto, hasta donde puedo recordar, en mi Wadowice natal, todas las otras familias parecían estimar sus relaciones con los judíos de manera semejante. Hicieron negocios con ellos antes de la guerra, e incluso durante la guerra, ómnibus proportionibus servatis, y compartieron en una cierta medida su tragedia, como lo hicieron mis padres. (Por cierto, mi padre poseía una tienda en la ciudad y, antes de la guerra, comerciaba activamente con los mercaderes judíos en la cercana Cracovia. Aparte de eso todos los años hacía la peregrinación a Kalwaria Zebrzydowska, y algunas veces me llevaba con él. Quería enseñarme a reconocer mis propios pecados y hacer penitencia por ellos. También a amar a Dios y al prójimo como a mí mismo.)

Mi pregunta es ésta: ¿Constituía la familia que formó los fundamentos de la moralidad de Wojtyla una excepción en Wadowice, o se trataba de una de las tantas diseminadas por toda Polonia para las cuales el antisemitismo era algo vergonzoso y extraño a su moralidad? Lamentablemente, en algunas familias había en el pasado, y por desgracia sigue habiendo en la actualidad, excepciones a este modo de pensar. Nos disgustan y nos causan aflicción. Cuánto dolor han infligido ellos, y sin duda infligen todavía, a Jerzy Kluger, y también al autor de El Papa oculto que tan enorme esfuerzo ha hecho para escribir este libro. Lo que yo quiero dejar sentado es: cuál era, y todavía es, una "práctica común", y cuál la "excepción". No acuso, ni deseo ofender a nadie, pero recordemos las palabras de John Donne:


La muerte de cualquier hombre me disminuye

porque formo parte de la humanidad.

Así que nunca preguntes por quién doblan las campanas.

Están doblando por ti.
Están doblando por todos nosotros. Están doblando por cada uno de nosotros. Están doblando por mí.

Esta es la razón por la que debemos estar agradecidos al autor de El Papa oculto, quien, al escribir la historia de la amistad entre un judío polaco y un Papa polaco, procura que nadie olvide la tragedia moral de los actos de odio perpetrados por un hombre contra sus congéneres de la "familia humana". En especial nosotros, los polacos, debemos darnos cuenta de que una inscripción grabada en una piedra hace cincuenta años en Auschwitz, no basta para borrar los recuerdos de lo que el odio de un hombre puede hacerle a sus semejantes. Nadie en este país debe olvidar esto: un ser humano ha hecho esto a otro ser humano.



Homo homini...

¡Nunca más!

Lublin, 4 de marzo de 1998

Reverendo profesor Tadeusz Styczen SDS




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