Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso



Download 92.15 Kb.
Page1/3
Date03.05.2016
Size92.15 Kb.
  1   2   3



BIBLIOTECA VIRTUAL DE CIENCIAS SOCIALES DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE, DE LA RED DE CENTROS MIEMBROS DE CLACSO

http://www.clacso.org.ar/biblioteca



Como citar este documento

Coronil, Fernando. Naturaleza del poscolonialismo: del eurocentrismo al globocentrismo. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina. Julio de 2000. p. 246.

Disponible en la World Wide Web: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/lander/coronil.rtf




Naturaleza del poscolonialismo: del eurocentrismo al globocentrismo 1
Fernando Coronil 2

2 Profesor de antropología e historia, Departamento de Antropología, Universidad de Michigan.

Resulta sorprendente, particularmente desde la experiencia latinoamericana, que el creciente campo académico de estudios postcoloniales en los centros metropolitanos se haya destacado básicamente por trabajos sobre el colonialismo norte-europeo en Asia y Africa. A pesar de que la colonización europea en las Américas involucró a España, Portugal, Francia, Holanda e Inglaterra y fijó parámetros para su expansión posterior en Asia y Africa, ésta aparece sólo de una manera tangencial en el campo de estudios postcoloniales. Latinoamérica y el Caribe, como objetos de estudio y como fuentes de conocimiento sobre el (post) colonialismo, están ausentes u ocupan un lugar marginal en sus debates y textos centrales. Esta exclusión también ha conllevado una notable ausencia del imperialismo en los estudios postcoloniales, asunto central para los pensadores latinoamericanos, quienes desde la independencia en el siglo diecinueve han prestado especial atención a las formas persistentes de sometimiento imperial postcolonial. ¿Están relacionadas entre sí estas dos ausencias, la de las Américas y la del imperialismo? Ambos silencios dicen mucho sobre las políticas del conocimiento occidental e invitan a explorar la manera como la teoría se difunde y a discernir cómo se establecen nuevas modalidades de colonización del conocimiento en diferentes regiones y disciplinas académicas. En este artículo no quiero explicar este silenciamiento de las Américas, sino más bien confrontarlo a través de una discusión sobre las transformaciones del capitalismo al inicio de un nuevo milenio.

En sus confesiones San Agustín sugirió que es sólo al final de la vida que uno puede aprehender su significado. El discurso de moda acerca del fin de la Historia, del socialismo, hasta del capitalismo -o al menos la anunciada desaparición de su conocida forma industrial y el nacimiento de una era post-industrial basada en la informática y en la desmaterialización de la producción- sugiere que el nuevo milenio está generando fantasías inspiradas en una creencia similar. Coincidiendo con el fin del socialismo como alternativa real de futuro, o al menos con la desaparición del socialismo realmente existente en muchos países, el orden capitalista aparece en el nuevo milenio como la única forma de sociedad viable y por lo tanto como el horizonte posible para sueños de realización personal y esperanzas de redención colectivas.


De todas estas fantasías milenarias, el discurso sobre la globalización de las instituciones financieras y corporaciones transnacionales evoca con una fuerza particularmente seductiva el advenimiento de una nueva era. Su imagen de la globalización trae a mente el sueño de una humanidad no dividida entre Oriente y Occidente, Norte y Sur, Europa y sus Otros, ricos y pobres. Como si estuviese animada por un deseo milenario de borrar las cicatrices de un pasado conflictivo o de lograr que la historia alcance un fin armonioso, este discurso promueve la creencia de que las distintas historias, geografías y culturas que han dividido a la humanidad están siendo unidas en el cálido abrazo de la globalización, entendido éste como un proceso progresivo de integración planetaria3.


Está de más decir que los discursos sobre la globalización son múltiples y distan mucho de ser homogéneos. Los relatos más matizados impugnan la imagen estereotipada de la emergencia de una aldea global popularizada por las corporaciones, los Estados metropolitanos y los medios de comunicación. Estas versiones alternativas sugieren que la globalización no es un fenómeno nuevo, sino más bien la manifestación intensificada de un viejo proceso de comercio transcontinental, de expansión capitalista, colonización, migraciones mundiales e intercambios transculturales. De igual manera sugieren que su actual modalidad neoliberal polariza, excluye y diferencia, aun cuando genera algunas configuraciones de integración translocal y de homogeneización cultural. Para sus críticos, la globalización neoliberal es implosiva en vez de expansiva, conecta centros poderosos a periferias subordinadas. Su modo de integración es fragmentario en vez de total. Construye similitudes sobre la base de asimetrías. En resumen, unifica dividiendo. En vez de la reconfortante imagen de la aldea global, ofrecen, desde diferentes perspectivas y con diferentes énfasis, una visión inquietante de un mundo fracturado y dividido por nuevas formas de dominación4.


Manteniendo un diálogo con estas fantasías milenarias acerca de una armonía global así como con los relatos que las confrontan, quiero sugerir que la actual fase de globalización implica una reconfiguración del orden mundial capitalista y una reorganización concomitante de la cartografía geopolítica y cultural de la modernidad. A pesar de que yo también me siento atraído por el deseo de ofrecer una interpretación sobre el capitalismo al final del milenio, exploraré su vida no tanto haciendo un recuento de su biografía desde la perspectiva del presente, como sugiere San Agustín, sino más bien discerniendo su actual configuración y especulando acerca de su futuro a la luz de su oscuro pasado. Este breve bosquejo será muy selectivo, para pintar con pinceladas amplias una imagen de la dinámica actual del capitalismo.


Para evocar esta imagen tal como aparece durante el inicio de un nuevo milenio, estableceré algunos vínculos entre el pasado colonial en el que el capitalismo evolucionó y el presente imperial dentro del cual la globalización neoliberal ha logrado establecer su predominio. No es necesario decir que asumo ciertos riesgos al hablar del capitalismo en singular, como si fuera una entidad homogénea y delimitada, en vez de un proceso complejo que adquiere diversas configuraciones en distintas áreas. Ante el peligro de diluirlo en su diversidad, prefiero correr el riesgo de ofrecer lo que puede que no sea más que una caricatura del capitalismo, con la esperanza que al menos nos ayude a reconocer sus características esenciales y su emergente configuración.

A través de una discusión sobre la cambiante relación del capitalismo con la naturaleza, quiero ofrecer el argumento de que la globalización neoliberal implica una redefinición de la relación entre el Occidente y sus otros, lo que lleva a un cambio del eurocentrismo a lo que aquí llamo "globocentrismo." En otro artículo me he referido al "occidentalismo" como un "conjunto de prácticas representacionales que participan en la producción de concepciones del mundo que 1) dividen los componentes del mundo en unidades asiladas; 2) desagregan sus historias de relaciones; 3) convierten la diferencia en jerarquía; 4) naturalizan esas representaciones; y 5) intervienen, aunque sea de forma inconsciente, en la reproducción de las actuales relaciones asimétricas de poder" (1999: 214). Estas modalidades de representación, estructuradas en términos de oposiciones binarias, oscurecen la mutua constitución de "Europa" y sus colonias, y del "Occidente" y sus postcolonias. Ocultan la violencia del colonialismo y del imperialismo detrás del embellecedor manto de misiones civilizatorias y planes de modernización. En vez del eurocentrismo de los discursos occidentalistas anteriores, el cual opera a través del establecimiento de una diferencia asimétrica entre el Occidente y sus otros, el "globocentrismo" de los discursos dominantes de la globalización neoliberal esconde la presencia del Occidente y oculta la forma en que éste sigue dependiendo del sometimiento tanto de sus otros como de la naturaleza. En este artículo, mi esfuerzo de explorar la relación cambiante del capitalismo con la naturaleza intenta ayudar a desmitificar las modalidades emergentes del dominio imperial que ocultan el persistente sometimiento y explotación de los seres humanos y de la naturaleza.



I. La naturaleza y el occidentalismo

Reconocer el papel de la naturaleza en el capitalismo expande y modifica los referentes temporales y geográficos que enmarcan las narrativas dominantes de la modernidad. Marx afirmó que la relación entre capital/ganancia, trabajo/salario y tierra/renta del suelo "engloba todos los secretos del proceso social de producción." (1971: vol. III, 754). Como si quisiera evocar simultáneamente un misterio celestial y su solución terrenal, llamó a esta relación "fórmula trinitaria". Sin embargo, pocos analistas, incluyendo a Marx, han aplicado esta fórmula a la resolución del enigma del papel de la "tierra" en el capitalismo. Viendo al capitalismo desde Europa, Lefebvre es excepcional al tomar en cuenta este olvido y especular acerca del papel de los agentes sociales asociados con la tierra, incluyendo el Estado, en la aparición del capitalismo europeo (1974)5.


Una visión del capitalismo desde sus bordes permite confrontar este olvido. Al enfocar la relación constitutiva entre el capitalismo y el colonialismo, esta perspectiva ayuda a modificar la comprensión convencional de la dinámica y la historia del capitalismo en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, ofrece una mayor comprensión del papel de la naturaleza en el proceso de la formación de riqueza; segundo, amplía los agentes del capitalismo no sólo dentro de Europa, sino en todo el mundo.


Incluir la tierra en la dialéctica capital/trabajo nos permite reconocer que el proceso de la creación de riqueza implica un intercambio transformativo entre los seres humanos y el mundo natural del cual forman parte. Desde esta perspectiva, se puede apreciar más ampliamente el papel de la naturaleza como una fuerza generadora de riqueza y de modernidad, sin reducirla, como hace la economía convencional, a un factor de producción. Aun desde una perspectiva marxista existe la tendencia a descontar el significado de su materialidad como fuente de riqueza, y verla sólo como una condición necesaria para la existencia del capital, una limitación para su crecimiento, ó una fuente de entropía6. El mismo Marx, quien reconoce el rol de la naturaleza en la creación de la riqueza, no desarrolla cabalmente esta idea en sus análisis de la producción capitalista y expresa cierta ambivalencia al respecto. Por una parte, basándose en Petty, él dice en una sección del Capital que ha recibido poca atención, que la riqueza debe ser vista como la unión del trabajo, "el padre", y la naturaleza, "la madre" (Capital 1967:43). Sin embargo, en otra sección que ha recibido mucha atención, Marx sostiene que las propiedades físicas de las mercancías "no tienen nada que ver con su existencia como mercancía" (1967:72). Desde mi punto de vista, la materialidad de las mercancías es inseparable de su capacidad para constituir y representar la riqueza. Como unidad de riqueza, la mercancía encarna tanto su forma natural como su forma de valor. A pesar de sus diferentes modalidades, la explotación capitalista implica la extracción del trabajo excedente (plusvalía) de los trabajadores así como de las riquezas de la tierra (Coronil 1997:56-66). La explotación social es inseparable de la explotación natural, de distinto sentido pero fundamental relevancia.


Como para Marx "tierra" significa "naturaleza" en su materialidad socializada en vez de en su existencia material independiente, traer a la naturaleza al centro de la discusión ayuda a reubicar a los actores sociales directamente asociados con sus poderes. En vez de restringir estos agentes a lores feudales en vías de desaparecer, o a terratenientes en decadencia (el énfasis en El Capital), éstos pueden ser ampliados para abarcar las poblaciones e instituciones que dependen de la mercantilización de lo que he llamado bienes "intensivos de naturaleza", incluyendo los Estados que poseen recursos naturales o que regulan su comercialización. Esta visión más amplia dificultaría reducir el desarrollo del capitalismo a una dialéctica binaria entre el capital y el trabajo que se realiza en los centros metropolitanos y que se extiende hacia la atrasada periferia. Reconocer que la "fórmula trinitaria" implica no una dialéctica binaria entre el trabajo y el capital sino una dialéctica triple entre el trabajo, el capital, y la tierra, ubica el desarrollo del capitalismo dentro de condiciones evidentemente globales desde el inicio. De igual manera, hace más visible una gama más amplia de relaciones económicas y políticas y ayuda además a conceptualizar la división internacional del trabajo como una división simultánea de la naturaleza.

Esta inclusión de los distintos agentes mundiales involucrados en el desarrollo del capitalismo ayuda a desarrollar un relato descentrado de la historia. Desde tiempos coloniales, la "periferia" ha sido una fuente principal tanto de riquezas naturales como de trabajo barato. La cuestión ahora es ver si esta situación ha dejado de ser, o si se manifiesta bajo distintas condiciones.


Una visión "aterrizada"7 que complementa la reconocida importancia del trabajo con el descuidado pero inescapable papel de la naturaleza en la formación del capitalismo, al ampliar sus agentes y hacer más compleja su dinámica, descentra las concepciones eurocéntricas que identifican la modernidad con Europa y relegan la periferia a un primitivismo pre-moderno. Integrar la "tierra" a la relación capital/trabajo ayuda a comprender los procesos que le dieron forma a la constitución mutua de Europa y sus colonias. En vez de una narrativa de la historia construida en términos de una oposición entre una Europa moderna que ha triunfado por su propio esfuerzo, y una periferia sumida en medio de su atrasada cultura, este cambio de perspectiva nos permite apreciar más cabalmente el papel de la naturaleza (neo) colonial y del trabajo en la mutua formación transcultural de las modernidades metropolitanas y subalternas (Ortiz 1995; Coronil 1995;1997).

Este enfoque del rol de la naturaleza en la formación del capitalismo converge con el esfuerzo de interpretar su historia desde los bordes en vez de desde sus centros. Desde esta perspectiva el capitalismo parecerá más antiguo y menos atractivo8. Podremos ubicar su "nacimiento" y evolución, no en Europa, en donde la historiografía dominante lo ha restringido, sino en las ya globalizadas interacciones entre Europa y sus otros coloniales. Esta trayectoria más larga requiere que se rescriba su biografía para dar cuenta de su dinámica global y su violencia intrínseca. Como si se descubrieran las capas sumergidas de un palimpsesto, recuperar esta historia traerá a la superficie las cicatrices del pasado, escondidas por el maquillaje de las historias siguientes, y hará más visibles también las heridas ocultas del presente.


Un enfoque que privilegia la relación constitutiva entre el capitalismo y el colonialismo nos permite reconocer los papeles fundamentales que el trabajo y la naturaleza colonial han jugado en la formación del mundo moderno. Desde esta perspectiva, el capitalismo aparece como el producto no sólo del ingenio de empresarios e inventores europeos, de la racionalidad de los Estados metropolitanos, o del sudor del proletariado europeo, sino también de la creatividad, el trabajo y la riqueza natural bajo el control de los europeos en sus territorios de ultramar. En vez de verlo como un fenómeno europeo auto-generado que se difunde al resto del mundo -la historia común de su nacimiento dentro de las entrañas de una sociedad feudal, su crecimiento dentro de los límites de Europa, y su expansión en el extranjero- la modernidad capitalista aparece como el resultado desde sus inicios de transacciones transcontinentales cuyo carácter verdaderamente global sólo comenzó con la conquista y colonización de las Américas.


Las colonias de Europa, primero en América y luego en Africa, le aportaron mano de obra, productos agrícolas, y recursos minerales. Igualmente, le presentaron a Europa una variedad de culturas en contraposición a las cuales Europa se concibió a sí misma como el patrón de la humanidad -como portadora de una religión, una razón y una civilización superiores encarnadas por los europeos. A medida que la noción española de "pureza de sangre" dio paso en las Américas a distinciones entre razas superiores e inferiores, esta superioridad se plasmó en distinciones biológicas que han sido fundamentales para la auto-definición de los europeos y siguen presentes en los racismos contemporáneos9. De la misma manera como las plantaciones de las Américas, operadas por esclavos africanos, funcionaron como factorías proto-industriales que precedieron aquellas establecidas en Manchester o Liverpool con mano de obra europea asalariada (Mintz 1985), las colonias americanas prefiguraron las establecidas en Africa y Asia durante la era del alto imperialismo.

Desde esta perspectiva, el colonialismo es el lado oscuro del capitalismo europeo; no puede ser reducido a una nota a pie de página en su biografía. La "acumulación primitiva" colonial, lejos de ser una precondición del desarrollo capitalista, ha sido un elemento indispensable de su dinámica interna. El "trabajo asalariado libre" en Europa constituye no la condición esencial del capitalismo, sino su modalidad productiva dominante, modalidad históricamente condicionada por el trabajo "no libre" en sus colonias y otras partes, tal como el actual trabajo productivo de los trabajadores asalariados depende del trabajo doméstico, "no productivo" de las mujeres en la casa. En vez de percibir la naturaleza y el trabajo de las mujeres como "regalos" al capital (ver una crítica de Salleh 1994:113), deben ser vistos como confiscaciones del capital, como parte de sus otros colonizados, como su lado oscuro. ¿Cuál es el lado oscuro de la globalización?



II. La globalización y el occidentalismo

Ha habido mucha discusión acerca de la globalización, sus orígenes, sus diferentes fases, y sus características actuales. Pareciera existir acuerdo en cuanto a que lo que diferencia la fase actual de la globalización no es el volumen del comercio transnacional y el flujo de capital, ya que éstos han ocurrido en proporciones similares en otros períodos, particularmente durante las tres décadas previas a la Primera Guerra Mundial (Hoogvelt 1997; Weiss 1998). Lo que parece significativamente novedoso desde la década de los ‘70 es que un cambio en la concentración y el carácter de los flujos financieros (posibilitados por nuevas tecnologías de producción y comunicación) ha llevado a una peculiar combinación de nuevas formas de integración global con una intensificada polarización social dentro de y entre las naciones.


Utilizaré dos informes excepcionales sobre la globalización como base para una discusión de estos cambios. Los he escogido porque son trabajos dirigidos al público basados en una amplia documentación sobre las tendencias actuales de la economía mundial pero con conclusiones y objetivos contrastantes. Desde perspectivas claramente divergentes, estos documentos presentan una imagen similar de la actual fase de la globalización en términos de siete características sobresalientes.

El primero es un informe reciente (1997) de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el cual documenta el creciente despliegue de desigualdades mundiales10. El informe describe siete "características problemáticas" de la economía global contemporánea y expresa preocupación de que puedan convertirse en una amenaza seria de acción política violenta en contra de la globalización. Las señalaré brevemente, sin resumir la evidencia que le sirve de apoyo:


-Indices bajos de crecimiento de la economía global.
-La brecha entre países desarrollos y los no desarrollados, así como dentro de los mismos países, se hace cada vez más grande (como evidencia, el informe ofrece unas estadísticas reveladoras: en 1965 el PIB promedio per cápita del 20% de los ricos de la población mundial era treinta veces mayor que el de los 20% más pobres; para 1990 esta diferencia se ha duplicado, a sesenta veces).
-Los ricos han ganado en todas partes, y no sólo con relación a los sectores más pobres de la sociedad, sino también con relación a la sacrosanta clase media.
-Las finanzas han ganado una supremacía sobre la industria, y los rentistas sobre los inversores.
-La participación del capital en el ingreso ha aumentado con relación a la asignada al trabajo
-La incertidumbre en el ingreso y el trabajo se extiende por todo el mundo.
-La brecha creciente entre el trabajo especializado y el no especializado se está convirtiendo en un problema mundial.
El segundo documento, titulado "La IV Guerra Mundial ha comenzado" es un artículo escrito en las montañas de Chiapas, México, por el Subcomandante Marcos, líder del movimiento zapatista indigenista (EZLN, Ejército Zapatista de Liberación Nacional), publicado en Le Monde Diplomatique (1997). Según Marcos, la globalización neoliberal debe ser reconocida como una "nueva guerra de conquista de territorios". De esta manera crea una nueva tipología de las guerras mundiales del siglo veinte que descentra las concepciones metropolitanas de la historia contemporánea. Marcos llama a la Guerra Fría la III Guerra Mundial, tanto en el sentido de que fue una Tercera Guerra Mundial y de que se peleó en el Tercer Mundo. Para el Tercer Mundo, la Guerra Fría fue realmente una guerra caliente, formada por 149 guerras localizadas que produjeron 23 millones de muertes11.
La IV Guerra Mundial es la actual globalización neoliberal que, según Marcos, está cobrando las vidas de enormes números de personas sometidas a una pobreza y una marginalización crecientes. Mientras que la III Guerra Mundial se combatió entre el capitalismo y el socialismo con diferentes grados de intensidad en territorios del Tercer Mundo dispersos y localizados, la IV Guerra Mundial implica un conflicto entre los centros financieros metropolitanos y las mayorías del mundo, y se lleva a cabo con una constante intensidad a escala mundial en espacios difusos y cambiantes.

Según Marcos, la IV Guerra Mundial ha fracturado el mundo en múltiples pedazos. El selecciona siete de estos pedazos de manera de ensamblar lo que llama el "rompecabezas" de la globalización neoliberal. Haré una lista breve de ellos -algunos de los títulos se explican por sí mismos- omitiendo casi todos los datos que él ofrece como apoyo a sus afirmaciones.


1. "Concentración de la riqueza y distribución de la pobreza", que resume información bien conocida acerca del grado en el que la riqueza global se ha polarizado mundialmente.
2. "La globalización de la explotación", que se refiere a cómo esta polarización va de la mano del creciente dominio del capital sobre el trabajo en el ámbito mundial.
3. "La migración como una pesadilla errante", que revela no sólo la expansión de los flujos migratorios impuestos por el desempleo en el Tercer Mundo, sino también por las guerras locales que han multiplicado el número de refugiados (de 2 millones en 1975 a más de 27 millones en 1995, de acuerdo a cifras de las Naciones Unidas).
4. "La globalización de las finanzas y la generalización del crimen", que muestra la creciente complicidad entre los megabancos, corrupción financiera, y dinero caliente proveniente del tráfico ilegal de drogas y armas.
5. "¿La violencia legítima de un poder ilegítimo?", que responde esta pregunta con el argumento que el "strip tease" del Estado y la eliminación de sus funciones de asistencia social lo han reducido en muchos países a un agente de represión social, transformándolo en una agencia ilegal de protección al servicio de las megaempresas.
6. "La megapolítica y los enanos", que argumenta que las estrategias dirigidas hacia la eliminación de las fronteras del comercio y hacia la unificación de las naciones conducen a la multiplicación de las fronteras sociales y a la fragmentación de las naciones, convirtiendo la política en un conflicto entre "gigantes" y "enanos", es decir, entre la megapolítica de los imperios financieros y la política nacional de los Estados débiles.
7. "Focos de resistencia", que sostiene que en respuesta a los focos de riqueza y poder político concentrados, están surgiendo focos crecientes de resistencia cuya riqueza y fuerza reside, en contraste, en su diversidad y dispersión.

A pesar de sus perspectivas contrastantes, ambos relatos ven la globalización neoliberal como un proceso puesto en marcha por fuerzas del mercado crecientemente no reguladas y móviles, el cual polariza las diferencias sociales tanto entre las naciones como dentro de ellas mismas. Mientras que la brecha entre naciones ricas y pobres, así como entre los ricos y los pobres se hace más grande en todas partes, la riqueza global se está concentrando cada vez más en menos manos, incluyendo las de las élites subalternas. En este nuevo paisaje global, ni los "ricos" pueden ser identificados exclusivamente con las naciones metropolitanas, ni los "pobres" con el tercero y segundo mundos. La mayor interconexión de los sectores dominantes y la marginación de las mayorías subordinadas ha socavado la cohesión de estas unidades geopolíticas.


Aunque también causa impacto en las naciones metropolitanas12, esta erosión de vínculos colectivos dentro del ámbito de la nación debilita más severamente a los países del Tercer Mundo, así como a los países ex socialistas del moribundo Segundo Mundo (China merece atención aparte). Especialmente en los países de menos recursos o menos poblados, los efectos polarizantes del neoliberalismo se agudizan por un creciente proceso de expatriación del capital, desnacionalización de las industrias y servicios, fuga de cerebros, e intensificación de los flujos migratorios a todo nivel. La privatización de la economía y de los servicios públicos, o lo que Marcos denomina el "strip tease" del Estado, ha conducido no sólo a la reducción de la ineficiencia burocrática y en algunos casos a un aumento en la productividad y competitividad, sino también a la desaparición de los proyectos de integración nacional y la erosión, o al menos, a la redefinición de vínculos colectivos. Las tensiones sociales resultantes de estos procesos con frecuencia conducen a la racialización del conflicto social y al surgimiento de etnicidades (Amin 1997).


Por ejemplo, la represión en Venezuela durante la protesta de 1989 en contra del alto costo de la vida y de un programa del FMI impuesto por el gobierno de Carlos Andrés Pérez se justificó en términos de un discurso civilizatorio que puso en evidencia la presencia subyacente de prejuicios raciales en un país que se enorgullece de definirse, al menos a nivel del discurso de las élites, como una democracia racial (Coronil y Skurski 1991). Desde ese entonces, el ideal de igualdad racial ha sido erosionado por una creciente segregación y discriminación, incluyendo incidentes aparentemente triviales que muestran cómo las fronteras raciales se están redefiniendo, tales como la exclusión de personas de piel oscura de las discotecas de clase media o alta. El mismo proceso con expresiones similares se está dando en Perú, donde la Corte Suprema recientemente legisló a favor de los derechos de un club que había excluido a unos peruanos de piel oscura. Un segundo ejemplo ilustra cómo la globalización neoliberal puede promover "crecimiento económico" y sin embargo erosionar el sentido de pertenencia nacional. En Argentina la privatización de la compañía nacional de petróleo condujo a despidos masivos (la nómina de 5000 obreros fue reducida a 500 obreros) así como a un aumento significativo en la ganancia (de pérdidas de $6 mil millones entre 1982 y 1990 a una utilidad de $9 millones en 1996). Esta combinación de crecimiento económico en focos privatizados y de desempleo y marginación, ha transformado la forma en la que muchos argentinos se relacionan con su país. Uno de los trabajadores que fue despedido de la compañía de petróleo expresa este sentimiento de alienación de una nación que le ofrece pocas oportunidades: "Antes iba a acampar o a pescar; ahora escucho que Ted Turner está aquí, Rambo por allá, Terminator en otro lado. Y me digo, no, ésta no es mi Argentina" (New York Times, enero 1998).


Una respuesta común de los sectores subordinados a su marginalización del mercado globalizado es su creciente participación en una economía local "informal", la cual, en algunos aspectos, reproduce la dinámica especulativa de lo que Susan Strange llama "casino capitalism" (1986). La proliferación de intrigas y estratagemas para hacer dinero con el dinero, así como los esfuerzos para convertir en mercancía a todo lo que pueda ser vendido, se han convertido no sólo en prácticas económicas regulares, sino en estrategias agónicas de sobrevivencia. Para muchos de los que se encuentran a la merced de las fuerzas del mercado y tienen poco que vender, el "mercado" toma la modalidad de comercio de drogas, contrabando, explotación sexual, comercio de mercancía robadas, e incluso de órganos humanos. Comprensiblemente, este capitalismo anómico va acompañado con frecuencia de un discurso sobre la "crisis", el aumento de pánicos morales y el despliegue de medios mágicos para hacer dinero en economías "ocultas" (Comaroff y Comaroff 1999; Verdery 1996). Para estos sectores marginalizados, la aparentemente ilimitada mercantilización de la vida social unida a las limitaciones estructurales en el mercado de trabajo hace que el mundo parezca cada vez más riesgoso y amenazador.

En contraste, para los sectores corporativos cuyo negocio es hacer dinero de los riesgos, la expansión no regulada del mercado convierte al mundo en un "paisaje de oportunidades". Desde la perspectiva de una globalidad corporativa, algunos países del mundo son vistos como fuentes de trabajo barato y de recursos naturales. El control corporativo de tecnologías altamente sofisticadas permite a las compañías intensificar la conversión de la naturaleza en mercancía y capturar para el mercado nuevos elementos, tales como materiales genéticos o plantas medicinales. Un ejemplo llamativo ilustra cómo las nuevas tecnologías hacen posible la intensificación de la apropiación de la naturaleza en áreas tropicales para un mercado cada vez más exclusivo. En Gabón, por medio de un instrumento mezcla de dirigible y balsa utilizado para explorar los copos de los árboles en las selvas tropicales, Givaudan y Roure, una de las corporaciones principales del "big business" de las fragancias y sabores, se apropia de los aromas naturales y vende sus componentes a compañías como Balmain, Christian Dior y Armani. "En la medida que la naturaleza en climas más fríos ha sido totalmente explorada, la búsqueda de nuevas moléculas se ha mudado al trópico. (Simons, New York Times 1999:59)13. Las tecnologías avanzadas también pueden ser utilizadas no sólo para descubrir productos naturales, sino para crear otros nuevos, convirtiendo la naturaleza en lo que Escobar llama la "tecnonaturaleza" (1997). A la vez que estos productos naturales hechos por el hombre desdibujan la distinción entre lo natural y lo cultural, también amplían el significado de la naturaleza como fuente de mercado.


Para muchas naciones la integración de sus economías al libre mercado global ha conducido a una mayor dependencia de la naturaleza y a una erosión de los proyectos estatales de desarrollo nacional. La naturaleza, en su forma tradicional o de nuevos recursos tecnonaturales, se ha convertido en la ventaja comparativa más segura para esas naciones. El aumento de formas de turismo que privilegian "lo natural," así como también la explosión del turismo sexual como fuente de intercambio comercial y de la prostitución como estrategia de supervivencia personal, expresan un vínculo entre la naturalización de la racionalidad del mercado y la mercantilización no regulada de cuerpos y poderes humanos y naturales. Aún en los casos cuando los recursos naturales se convierten en el fundamento de un modelo de desarrollo neoliberal basado en la expansión de las industrias y servicios relacionados entre sí, como lo demuestra el "éxito" de Chile, esta estrategia puede producir índices relativamente altos de crecimiento económico, pero al precio de una aguda polarización social y preocupante desnacionalización (Moulian 1997).


En algunos aspectos podríamos ver este proceso de reprimarización como una regresión a las formas de control coloniales basadas en la explotación de productos primarios y de fuerza laboral poco costosa. Sin embargo este proceso se está dando en un marco tecnológico y geopolítico que transforma el modo de explotación de la naturaleza y del trabajo. Si bajo la globalización colonial se necesitó un control político directo para organizar la producción de bienes primarios y regular el comercio dentro de mercados restringidos, bajo la globalización neoliberal la producción no regulada y la libre circulación de bienes primarios en un mercado abierto requiere el desmantelamiento relativo del control estatal; es necesario enfatizar que el "strip tease" del estado benefactor va unido a toda una nueva vestidura estatal dirigida a apoyar al libre mercado. Anteriormente, la explotación de bienes primarios se llevó a cabo a través de la mano visible de la política; ahora está organizada por la aparentemente invisible mano del mercado, en combinación con la menos destacada, pero no menos necesaria ayuda del Estado (ver Weiss 1998, para un argumento relacionado con la centralidad del Estado actualmente).


Anterior a este período de globalización neoliberal, los Estados postcoloniales buscaron regular la producción de bienes primarios. Durante el período de crecimiento económico promovido por el Estado, posterior a la II Guerra Mundial (más o menos entre las décadas de los ‘40 y los ‘70), muchas naciones del Tercer Mundo utilizaron el dinero obtenido de sus bienes primarios para diversificar sus estructuras productivas. La producción primaria, frecuentemente definida como una actividad nacional "básica", fue cuidadosamente regulada y puesta bajo control doméstico. Sin embargo, a medida que el mercado se ha ido convirtiendo en el principio organizativo dominante de la vida económica, éste ha impuesto su racionalidad a la sociedad, naturalizando la actividad económica y convirtiendo las mercancías en cosas acotadamente "económicas", en apariencia despojadas de vinculaciones sociales y de significado político.



Share with your friends:
  1   2   3




The database is protected by copyright ©essaydocs.org 2020
send message

    Main page