Brasil y la Cumbre América del Sur – Países árabes: ¿Encuentro estratégico o diplomacia de fanfarria?



Download 138.93 Kb.
Page1/3
Date conversion05.05.2016
Size138.93 Kb.
  1   2   3

Vagni, Juan José. Brasil y la Cumbre América del Sur – Países árabes: ¿Encuentro estratégico o diplomacia de fanfarria?. En publicacion: Contra Relatos desde el Sur. Apuntes sobre Africa y Medio Oriente, Año I, Nro. 1. CEA, Centro de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Córdoba: Argentina. Diciembre. 2005
Disponible en la World Wide Web: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/argentina/cea/contra/1.1/vagni.rtf




www.clacso.org



RED DE BIBLIOTECAS VIRTUALES DE CIENCIAS SOCIALES DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE, DE LA RED DE CENTROS MIEMBROS DE CLACSO

http://www.clacso.org.ar/biblioteca

biblioteca@clacso.edu.ar



Brasil y la Cumbre América del Sur – Países árabes:

¿Encuentro estratégico o diplomacia de fanfarria?
Juan José Vagni*
La Cúpula América del Sur – Países Árabes (ASPA), realizada el 10 y 11 de mayo de 2005 en Brasilia, puso en contacto a dos espacios geográficos distantes, representados a través de la recién formada Comunidad Sudamericana1 y la Liga Árabe2. Así, participaron los mandatarios de 11 países sudamericanos3 y 22 países del mundo árabe, tanto de Oriente Próximo como del norte de África4, siendo la primera vez que se dan cita en un encuentro de este nivel. Acudieron todos los presidentes sudamericanos, salvo los de Surinam, Colombia y Ecuador; y por el lado árabe se destacaron el palestino Mahmoud Abbás, el recién elegido iraquí Jalal Talabani, el de Argelia y actual presidente de la Liga Árabe, Abdelaziz Bouteflika y el secretario general de esa organización, Amr Moussa. Estuvieron ausentes los dirigentes de Jordania, Siria, Libia y Arabia Saudita5.

El lema de convocatoria fue la generación de una nueva geografía económica y comercial internacional, postulado que se enlaza con los objetivos brasileños de intensificar los vínculos entre los países del Sur y de avanzar hacia un mundo multipolar donde Brasil ocupe un lugar cada vez más relevante.

La Cumbre planteó sus objetivos bajo tres aspectos: político, económico y cultural. En el ámbito político, busca profundizar el diálogo interregional, concertar sobre los principales temas de orden regional e internacional e intensificar la cooperación en el seno de los foros multilaterales y entre las organizaciones regionales. En el plano económico, trata de establecer un nuevo partenariado de cooperación explorando las potencialidades que disponen las dos regiones, al tiempo que pretende consolidar la cooperación Sur-Sur a través de mayores intercambios comerciales, de turismo e inversión. Finalmente, en el terreno cultural se persiguen nuevas vías de comunicación e intercambio, la divulgación de patrimonio árabe en los países de América y viceversa y el fomento de la imagen del mundo árabe ante la sociedad civil y los líderes sudamericanos.

Este acontecimiento singular para la vinculación de ambas regiones levantó las más diversas apreciaciones, desde un eufórico optimismo hasta las críticas presurosas. Estas valoraciones estuvieron orientadas principalmente por tres cuestiones:

1) el predominio de la naturaleza política sobre la comercial en el desarrollo de la cumbre,

3) las verdaderas oportunidades que se abren desde Sudamérica para con el mundo árabe, y

2) el alcance del liderazgo regional de Brasil y los objetivos explícitos e implícitos de su política exterior.

El presente artículo tratará de explorar estos tópicos, comenzando su recorrido en los primeros momentos del gobierno de Luiz Inacio “Lula” Da Silva.


Un nuevo rumbo

Al iniciar su mandato, el presidente Lula Da Silva encontró tres importantes negociaciones comerciales en marcha: el ALCA, MERCOSUR-Unión Europea y la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Se preveía que la negociación a tres frentes brindaría resultados satisfactorios, sin embargo ninguno de estos proyectos mostró avances sustantivos. De este modo, al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) se vio compelido a buscar nuevos mercados. De acuerdo al canciller Celso Amorim:

Prosseguiremos empenhados nas três frentes negociadoras, ainda inconclusas, com maior potencial de ampliação de nossas oportunidades comerciais: a Rodada de Doha da OMC, as conversações entre o Mercosul e a União Européia e os trabalhos para a conformação da ALCA, de forma equilibrada, buscando abrir mercados sem perda de autonomia decisória6.

La ampliación de las oportunidades comerciales, la captación de inversiones productivas y de tecnologías avanzadas, serían la prioridad de actuación de una diplomacia orientada al desarrollo nacional.

Este nuevo diseño de la política comercial tuvo su correlato a nivel político: se buscó un protagonismo más notorio en la esfera regional e internacional, a través del acercamiento a países con complementariedad económica y semejanzas estructurales. La diplomacia brasileña reveló una inusitada capacidad de despliegue, con el impulso a la Comunidad Sudamericana en Cuzco, al G-207 de países emergentes contra los subsidios agrícolas de los países ricos y al G-3 de las grandes democracias del mundo en desarrollo8 (India, Brasil y Sudáfrica - IBSA); y con las acciones de acercamiento a China y Rusia.

En este marco se inscriben entonces las sucesivas visitas oficiales del Presidente Lula a África, Asia y Medio Oriente, destinadas a explorar oportunidades de comercio e inversión en mercados alternativos y a desarrollar al mismo tiempo una nueva plataforma política9.


El primer contacto

La organización de la Cumbre ASPA comenzó a gestarse durante la gira del Presidente Lula por cinco países árabes a fines del 2003. La visita del mandatario a Siria, Líbano, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Libia fue la antesala de un acercamiento orientado a una mayor integración económica con el mundo árabe. A tal efecto se pretendió reforzar la comitiva con alguna representación del MERCOSUR, por ello viajó también el ex presidente argentino Eduardo Duhalde, entonces presidente de la Comisión de Representantes Permanentes de esa organización. Participaron además gobernadores de varios estados brasileños, parlamentarios, empresarios, artistas y deportistas.

Este viaje fue el primero de un jefe de Estado brasileño a la región desde el siglo XIX, cuando el emperador Pedro II recorrió Líbano, Siria, Egipto y Palestina10. Con este acercamiento, Brasil trató de elevar el nivel en las relaciones con el mundo árabe, potenciando principalmente los vínculos económicos y comerciales. Lula fue acompañado por más de cien empresarios de diversos sectores -desde la industria aeronáutica hasta la construcción y la moda-, con la intención de abrir nuevos mercados en Oriente Próximo y animar a compañías árabes a invertir en Brasil. Las mejores perspectivas se identificaron en el sector del petróleo, azúcar, inmobiliario, minería, sistemas de defensa, tecnología de agricultura, agronegocios en el desierto y sistemas de irrigación.

Siria y Líbano, países de origen de un importante sector de la población brasileña, fueron concebidos como la punta de lanza para los negocios en esta región. Con el presidente sirio Bashar al-Assad se firmaron diversos acuerdos vinculados al turismo, deportes, cultura y aspectos fitosanitarios y se programaron inversiones conjuntas.

En el caso del Líbano, también se rubricaron acuerdos de cooperación en medio ambiente, turismo, educación y lucha contra el tráfico de drogas y se analizó la apertura de una línea marítima y de vuelos directos entre San Pablo y Beirut. La agenda de Lula en el país de los cedros incluyó también la inauguración de la Casa del Brasil, un espacio para la cultura y los negocios levantado en un elegante predio de la capital -donado por el gobierno libanés- donde se erigirá la nueva sede de la embajada de Brasil en el país. La intensa agenda de compromisos bilaterales con Líbano tuvo su nota mayor con la retribución de la visita hecha por el presidente Emile Lahoud a Brasil en febrero de 2004.

En el plano comercial, el protagonismo libanés se extendió también hacia Iraq, ya que los productos brasileños pasaron a ser comercializados en ese convulsionado país por empresas libanesas. No obstante, Brasil buscó abrir una oficina de representación comercial en Iraq e ingresar a los negocios de la reconstrucción del país, del que fue inicialmente excluido por Estados Unidos. Así, trató de introducir su competitivo sector de ingeniería para la construcción de obras civiles.

Los Emiratos Árabes constituyen un destino no tradicional pero que despierta numerosas expectativas en el empresariado brasileño. Los precios de sus productos son muy competitivos en la región del Golfo y algunos sectores, como la industria de tocador y cosmética y los frutos tropicales, tienen altas posibilidades de insertarse en dichos mercados. Otro rubro que pretende ingresar es la industria de defensa, con la colocación de camiones, satélites para estudios ambientales y de seguridad, y principalmente aviones, tanto civiles como militares, a través de la empresa Embraer.

En Egipto se avanzó en la negociación del acuerdo marco que lo vincularía al MERCOSUR (instrumento que se firmaría finalmente en julio de 2004). Brasil tiene una balanza comercial muy favorable con este país y es su tercer cliente en la región. Además de ser un actor político relevante en el mundo árabe y participar en el G-20 contra los subsidios agrícolas de los países centrales, Egipto anhela, al igual que Brasil, un asiento permanente en Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El mandatario brasileño se reunió también con Nabil Shaat ministro de Relaciones Exteriores palestino, ante el que se comprometió a abrir una oficina comercial en Ramallah, hecho que se concretó el 29 de julio de 2004.

La escala más controvertida de la gira fue la visita al líder libio Muamar Gadafi, con quien se discutió la posibilidad de negocios en las áreas de electricidad, transportes, construcción civil y tecnología agrícola.

Aunque desde sus inicios el presidente Lula se empeñó en destacar las motivaciones comerciales de la gira, los temas políticos ocuparon un espacio relevante de la agenda, siendo la iniciativa brasileña de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad el asunto prioritario. Además, en una región tan conflictiva, jefe de Estado brasileño no pudo eludir definiciones y compromisos en torno a las cuestiones candentes, pero lo hizo en un marco de moderación. Ante el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, ofreció su contribución para el acercamiento árabe-israelí, señalando que su país estaba dispuesto “para ejercer cualquier esfuerzo que se necesite para traer la paz a Oriente Medio"11, y también indicó su apoyo tanto a la creación de un Estado palestino independiente como a la devolución de los Altos del Golán a Siria. En cuanto a la situación en Iraq, se mostró favorable a la restitución de la soberanía al pueblo iraquí lo antes posible.

La decisión de visitar a tantos países árabes causó cierta irritación en medios israelíes y también en la comunidad judía de Brasil. No obstante, Lula Da Silva se preocupó por desmarcar cualquier preferencia, indicando que sus relaciones con Israel continuarían al mismo nivel y paralelamente destacó la pacífica convivencia e integración de las comunidades árabes y judías en su país.

Finalmente, durante una reunión de ministros de la Liga Árabe en El Cairo, el presidente brasileño12 lanzó públicamente la idea de la cumbre, señalando sus expectativas en torno a una nueva era en las relaciones entre las dos partes: "La cumbre tendrá como objetivo la creación de un nuevo mundo en el que los países del tercer mundo tengan un nuevo papel que desempeñar"13, afirmó.

Conviene resaltar también que, en este marco, Brasil fue aceptado como el primer país de América Latina con el estatuto de observador en la Liga Árabe.
La organización de la Cumbre

Lula invitó con cartas personales a los mandatarios y se comenzaron a generar consultas que condujeron a los trabajos preparatorios, a nivel de altos funcionarios y cancilleres. Estas reuniones preliminares se desarrollaron en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, en Liga de los Estados Árabes de El Cairo y en Marrakech. La propuesta brasileña fue aprobada también durante la XVIª Cumbre de la Liga Árabe que tuvo lugar en Túnez los días 22 y 23 de mayo de 2004. Finalmente, en la Reunión Preparatoria a nivel de Ministros de Asuntos Exteriores realizada en Marrakech el 24 y 25 de marzo del 2005, se negociaron los términos de la Declaración Final de la Cumbre ASPA14.

Marruecos fue un importante promotor de la Cumbre: desde la visita del rey de Marruecos por América Latina a fines del 2004, sus gestiones contribuyeron a un mayor acercamiento de las dos regiones. Además de ser la sede de la Reunión Preliminar, el reino alauí organizó conjuntamente con Argentina un seminario sobre Aspectos Culturales de América del Sur y, durante el encuentro de Brasilia, fue elegido sede de la segunda cumbre ASPA para el segundo trimestre de 2008. La decisión fue tomada por unanimidad de los jefes de Estado y de Gobierno. También se programó un encuentro de cancilleres cada dos años, el primero de los cuales tendrá lugar en Buenos Aires en el año 2007.
El documento

La Declaración de Brasilia implicó un trabajo de discusión de más de ocho meses, en el nivel de altos funcionarios, viceministros, hasta llegar a la pre-cumbre de Marrakech, donde se concluyeron todos los puntos salvo el mecanismo de seguimiento.

En el documento se incluyeron diversas propuestas brasileñas, como el compromiso en el combate a la pobreza, el desarme, el establecimiento de zonas libres de armas nucleares (arts. 2.3 al 2.6) y la cooperación para el desarrollo. Un capítulo fundamental es la defensa de la soberanía de los Estados sobre los recursos territoriales (art. 1.8), una prioridad tanto para sudamericanos como árabes frente a los intereses de las grandes potencias. Actualmente, la idea de internacionalización de la Amazonia es una fuente de preocupación en Brasil, al tiempo que para el MERCOSUR en su conjunto es importante la preservación del acuífero guaraní, una de las reservas de agua subterránea más importantes del mundo. En el caso árabe, no sólo está en juego el petróleo, sino también sus escasas reservas de agua.

Aún ante la renovada insistencia brasileña por marcar la preponderancia de los aspectos comerciales en el desarrollo de la Cumbre, en la negociación del texto final terminaron cobrando preponderancia las declaraciones políticas, en las que están reflejadas las principales problemáticas del mundo árabe. Al iniciar el evento, el presidente de Argelia Abdelaziz Bouteflika, insistió abiertamente en ampliar el diálogo también hacia el plano político:

Si el aspecto económico debe formar el pedestal sobre el que van a desarrollarse nuestras relaciones de continente a continente, es claro que esta cooperación puede y debe ampliarse a todos los demás aspectos, consolidando así los lazos de solidaridad que queremos establecer entre nosotros. (…) Sería inconcebible que una reunión tan importante como la nuestra se desinterese de las situaciones de crisis grave que amenazan la paz en el mundo y respecto a las cuales debemos definir una línea de conducta común para contribuir a su desenlace15.

La cuestión palestino–israelí fue recogida en el art. 2.8, reafirmando los principios generales de tierras por paz, el seguimiento de las resoluciones 242 y 338, el Acuerdo Marco de Madrid, la Iniciativa de Paz Árabe y la denominada Hoja de Ruta. Se reafirma el derecho a un Estado palestino independiente, la retirada israelí a las fronteras del año 67 con el desmantelamiento de los asentamientos y el cumplimiento de la opinión de la Corte Internacional de Justicia en torno al muro de separación. El propio presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbás (Abu Mazen) convocó a los mandatarios en la jornada inaugural:

Me dirijo en nombre del pueblo palestino a vuestra respetada Cumbre, para trabajar juntos en todos los niveles que permita impulsar el proceso de paz hacia delante y poner fin a este amargo conflicto en Palestina y Medio Oriente sobre la base de una solución para los dos Estados, el Estado palestino y el Estado israelí, para que ambos convivan juntos con seguridad, paz y buena vecindad16.

En cuanto a Iraq, se destacó la importancia de “respetar la unidad, la soberanía y la independencia de Iraq, así como la no injerencia en sus asuntos internos”17. Se apoya el proceso político, en vistas a un gobierno democrático constitucional y federal, aunque en este último caso se aclara: “si así lo decide el pueblo iraquí18”. También se pide una mayor participación de la Liga Árabe en la reconstrucción de sus instituciones, una posición que buscaría sostener a los árabes sunníes (de dónde provenían la mayoría de los cuadros del antiguo régimen) frente a las aspiraciones federalistas o secesionistas de kurdos y chiítas.

Uno de los puntos que pasó totalmente desapercibido y que oculta un grado de cinismo árabe y escaso compromiso sudamericano, es la cuestión de Darfur en Sudán. En primer lugar, el texto procura “afirmar la integridad territorial de Sudán y la unidad de su pueblo19” y luego señala su satisfacción “por las medidas tomadas por el Gobierno a fin de facilitar la asistencia internacional para la crisis humanitaria20”. Obviamente, de la responsabilidad del sector árabe en las persecuciones étnicas, nada se dice. Este aval implícito a la tesis árabe sobre la situación de Darfur fue acompañado también con la abstención brasileña durante la votación para enviar a los responsables de las masacres de Darfur al Tribunal Penal Internacional.

El temor de que la Cumbre se transformara en un foro abiertamente antiestadounidense y antiisraelí alarmó notablemente a Washington y Jerusalem. En un primer momento, Estados Unidos intentó intervenir como observador del encuentro, pero fue vetada su participación. Luego, la divulgación de dos artículos referidos al terrorismo (art. 2.16) y el derecho a la resistencia a la ocupación extranjera (art. 2.17) por su indirecta referencia a las situaciones de Palestina e Irak, despertaron gran resquemor. Si bien se condenan todas las formas de terrorismo y se llama a la realización de una conferencia internacional sobre el tema, no se precisa en qué caso se trata de una acción terrorista y en qué caso de derecho de resistencia. El Departamento de Estado dio a conocer su preocupación a todas las cancillerías latinoamericanas y a las de algunos aliados árabes, presionándolos para que no participaran en la Cumbre. A los ojos estadounidenses, la asociación de más de treinta países, algunos de ellos de mucho peso como Brasil o Arabia Saudita, podría convertirse en un bloque político opuesto a sus intereses. Del lado israelí se temía que los países árabes hallaran entusiastas simpatías para la causa palestina entre los sudamericanos. Pero Brasil se encargó nuevamente de aliviar el malestar ante Jerusalem, a través de la visita del canciller Amorim el 30 de mayo de 2004.

Una de las consideraciones más arriesgadas de la Cumbre fue el párrafo contra las sanciones a Siria, que también sembró inquietud en Estados Unidos. En el art. 2.11 se establece:

Expresan su profunda preocupación con relación a las sanciones unilaterales impuestas a Siria por el gobierno de los Estados Unidos de América y consideran que el llamado “Syria Accountability Act” viola principios del Derecho Internacional y constituye una transgresión de los objetivos y principios de las Naciones Unidas, creando, de este modo, un grave precedente en las relaciones entre los Estados independientes21.

Esta mención directa a la propuesta estadounidense fue vista como un giro en la política exterior brasileña, que siempre trato de evitar un antagonismo explícito con el país del Norte.

La Declaración de Brasilia recoge también las demandas argentinas en torno a la cuestión de las Islas Malvinas: hace un llamado a ambas partes para que reanuden las negociaciones acerca de la soberanía y condena la inclusión de las Islas como territorios asociados a Europa en el nuevo Tratado Constitucional de la Unión Europea.

En el plano del comercio internacional y haciendo eco a los intereses de los países del Sur, el documento reafirma “su apoyo al fortalecimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y a la conclusión exitosa de las negociación sobre la implementación de la Agenda de Doha para el Desarrollo, en beneficio de los países en desarrollo, inclusive en los sectores en que son más competitivos22”. También resalta el papel de la UNCTAD y brinda su respaldo a los Estados participantes que desean ingresar a la OMC, para que puedan hacerlo de manera rápida y satisfactoria, una referencia quizás a la situación de algunos países árabes que están en proceso de incorporación al organismo, especialmente Argelia y Arabia Saudita (ingresaría el 11 de noviembre de 2005). También en esta materia, Brasil no logró la candidatura de Seixas Corrêa a la conducción de la OMC, pero durante la Cumbre se apoyó de forma unánime la postulación del uruguayo López del Castillo.

Este encuentro sirvió también para articular la política petrolera de los países sudamericanos, a través de la iniciativa de Petrosur, un proyecto que busca fusionar tres empresas estatales: Petrobras de Brasil, Petróleos de Venezuela (PdeVSA) y Enarsa, la pequeña compañía de Argentina, para crear una gran organización que compita en los negocios energéticos. Sería una importante propuesta de integración que asumen los países de Sudamérica, en la que se podrían sumar también las empresas estatales de Colombia y Ecuador.


La dinámica comercial Sudamérica-mundo árabe

Los países árabes reunidos en Brasilia constituyen un conglomerado muy diverso, tanto a nivel político como económico. Conviven monarquías, emiratos y repúblicas, donde pueden reconocerse notables diferencias en cuanto a densidad de población, ingreso per-cápita, tasas de crecimiento y estructura productiva. El Producto Bruto Interno (PBI) de toda la región asciende a 815.000 millones de dólares y sus compras al mundo rondan los 250.000 millones, pero con aranceles de importación que rondan el 20%. El grado de apertura de estas economías se eleva a más del 50%, lo que las hace altamente sensibles a los cambios de las condiciones macroeconómicas en los mercados mundiales.

Estos países constituyen en general un mercado cautivo de la Unión Europea23, pero desde el año 2003 se produjo una ofensiva de los Estados Unidos, que pretende ingresar a una región que comercialmente tenía abandonada y donde sus intercambios comerciales sólo representan el 3,5% de los intercambios exteriores totales24. Y recientemente se sumó también la avanzada asiática, que compra poco a los países árabes, pero cuyo volumen de ventas crece a buen ritmo: 132% entre 1990 y 2001 frente al 63% de los estadounidenses y el 52% de los europeos.

Teniendo en cuenta la todavía escasa penetración asiática y norteamericana y el acelerado crecimiento demográfico de la región25, la aproximación sudamericana parece muy oportuna. Además, las posibilidades también podrían estar del lado de las inversiones: después de los atentados del 11 de setiembre las monarquías petroleras dejaron de invertir en EE.UU., por lo que el gobierno brasileño cree que es un buen momento para atraer capitales de ese origen.

En este sentido y a nivel institucional, la Cumbre de Brasilia concretó un acuerdo marco entre el MERCOSUR y los seis países árabes que integran el Consejo de Cooperación del Golfo26 (Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán y Bahrein). Este primer instrumento, promueve la cooperación en las áreas económica, comercial, técnica y de inversión. Al mismo tiempo, crea un comité conjunto con miras a concluir un acuerdo de libre comercio entre los dos bloques.

Si se les suma a este acuerdo los ya firmados con Egipto el 7 de julio de 2004 y con Marruecos el 26 de noviembre del 2004 durante la gira del rey Mohammed VI, podemos advertir que el MERCOSUR está afirmando una interesante base institucional con el mundo árabe, la que requiere una sólida y continua voluntad política para cobrar impulso verdadero. Estos tres acuerdos están orientados a los enclaves estratégicos del comercio en la región: Marruecos, que es una puerta de entrada no sólo al mercado africano sino también a Europa con la que mantiene un Acuerdo de Libre Comercio y desde el 1° de enero de 2006 lo será hacia Estados Unidos cuando entre en vigencia su acuerdo FTA (Free Trade Area); Egipto, uno de los países más populosos e importantes del mundo árabe; y los países del Golfo, con sus recursos petroleros y capitales para inversión.

Actualmente, la presencia sudamericana en los mercados árabes todavía es escasa: nuestras ventas sólo representan el 3,5% de las importaciones de esa región. No obstante, el comercio entre ambos bloques viene creciendo de manera significativa. Entre el período 1997 y 2004 aumentó un 40% y las exportaciones sudamericanas a los países árabes lo hicieron en un 60%, con una balanza comercial notablemente favorable a los sudamericanos. Brasil tiene el volumen más significativo, con 8.000 millones de dólares al año -sólo el 5% de su comercio externo-, seguido por Argentina con 2.160 millones.

Las ventas sudamericanas comprenden básicamente carnes, oleaginosas y leche, además de tubos de acero y reactores nucleares. En el caso de Argentina se destacan la soja, el trigo y el maíz. Mientras tanto, del mundo árabe llega principalmente petróleo y sus derivados.

  1   2   3


The database is protected by copyright ©essaydocs.org 2016
send message

    Main page