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CONSEJO LATINOAMERICANO DE CIENCIAS SOCIALES

CLACSO

RISA Y CULTURA EN CHILE



MAXIMILIANO SALINAS C.

Este trabajo es fruto del Proyecto de Investigación FONDECYT 1960157

CREENCIAS Y SENTIDO DEL HUMOR EN EL LENGUAJE ORAL POPULAR

DE CHILE: Investigador responsable: Maximiliano SALINAS C.

Coinvestigador: Luis BUSTOS T. Ayudante: Cecilia IBACACHE B.

Patrocinio: Universidad ARCIS.

Documento de Trabajo número 1, agosto 1996.

INDICE


I. LA RISA 4

II. OCCIDENTE Y LA PROBLEMATIZACION

DE LA RISA 12

III. LA RISA Y LA SERIEDAD:

LA INVENCION OCCIDENTAL DE CHILE 19

R I S A Y C U L T U R A E N C H I L E

I. LA RISA

En diversas culturas y civilizaciones la risa es uno de los signos más consistentes de la vida y de la celebración de la vida. La risa acompaña y sacude, suscita y resucita la vida del mundo. La risa es intensidad, plenitud vital, placer original, juego permanente de hombres o dioses. Es señal de la potencia de lo sagrado, signo eficaz del paso de la muerte a la vida, del no-ser al ser, del caos al cosmos, atributo primordial del carácter fundamentalmente festivo de las mujeres y los hombres.

La risa, junto al humor y la alegría, remite al origen eufórico de la vida. Se contradice con la seriedad inherente a toda enajenación mental o corporal del eros y de la fiesta (la vida en común) por la guerra o la discordia, la razón o el trabajo inhumanos. Introduce una disputa persistente contra la profanación del mundo llevada a cabo por estos rasgos alienantes y violentos. Constituye un llamado libertario al carácter sagrado de la vida y la salud como algo anterior a toda otra trascendentalización del mundo. Esta contradicción atraviesa muchas veces a las culturas consigo mismas o en relación a otras como un contrapunto entre la vida y la muerte, el amor o los sacrificios humanos. (cfr. V. PROPP, “La risa ritual en el folklore”, en “Edipo a la luz del folklore”, Madrid 1980, 47-86).

La risa ha sido en muy distintos tiempos y lugares el signo por excelencia que asegura y sostiene la vitalidad del universo. La antigua mitología de Egipto exaltó la figura de Hator, diosa de la alegría, el amor y la sonrisa. Ella superó la crisis en que se vio envuelto el cosmos debido a la ira del dios del sol Ra-Harakhti. La saludable y vital presencia de la diosa permitió que el gran dios desatara una risa que recuperó la luz del mundo (siglo XII a. C.) (A. GARDNER, “The Library of Chester Beatty. Description of a Hieratic Papyrus with a mythological Story, Love Song, and other Miscellanous Texts”, Oxford-Londres 1931, 8-26). En la mitología de Japón se halla un relato correspondiente en la figura de la diosa Ame-no-Uzume-no-mikoto quien logró liberar la risa de ochocientas miríadas de kamis (divinidades). Esto permitió devolver la luz al universo (siglo VIII d. C.) (cfr. A. DI NOLA, “Antropologia religiosa”, Florencia 1974, 53-54).

La risa y la alegría caracterizan los símbolos amorosos de las culturas precisamente por su condición de fuentes originarias y responsables de la vida. De forma similar a las divinidades nombradas de Egipto y Japón antiguos, las diosas madres de carácter fecundante o generador del Mediterráneo oriental como Deméter o Afrodita, se caracterizaron por lo mismo. Deméter, diosa de la fertilidad y de la tierra como divinidad primordial del principio femenino, con su risa trajo la primavera a la tierra. En la literatura órfica se ponderó la risa reconfortante con que acogió la hospitalidad de la corte de Eleusis (S. REINACH, “Le rire rituel”, en “Cultes, Mythes, Religions”, París 1912, IV, 109 ss),

Un símbolo indiscutido fue Afrodita, la diosa del amor, el mar y la sonrisa, versión griega del culto oriental a una divinidad lunar. Representó el principio húmedo y líquido, causa de toda generación, y de la fecundidad femenina, y de la Naturaleza. Nacida de la espuma del mar, sus frutos marinos se consideraron justamente afrodisíacos (estimuladores de la vida). La hierba y las flores brotaban de la tierra dondequiera que pasaba. Representó el amor, el placer y alegría. Su sonrisa tenía la virtud de calmar los vientos. Para Homero era la “sonriente Afrodita”, “la que gusta de reír” (philommeidés). Su corte la integraban las risas, dioses que presidían la jovialidad, o también Riso, el dios de la alegría, cuya estatua se colocaba siempre cerca de la de Venus-Afrodita, con las Gracias y los Amores. La popularidad de su culto le puso el apelativo de “pandemos”, diosa de todos los pueblos. El canto de Hesíodo a Afrodita expresó los sentidos de su humor y de su amor: “Tomó tierra la bella diosa veneranda y, en torno, la hierba bajo los pies suave brotaba; y a ella, Afrodita /.../ la llaman dioses y hombres, porque en la espuma se crió;...; o Filomeda, porque de los genitales (medéon) vino a la luz. /.../ Y este honor desde el principio posee y tiene asignada esta parte entre los hombres y los inmortales dioses: confidencias virginales, y sonrisas, y engaños, y deleitación suave, y amor, y dulzura.” (“Teogonía”, 194-206). (R. GRAVES, “Los mitos griegos”, Buenos Aires 1967, J.F.M. NOËL, “Diccionario de mitología universal”, Barcelona 1987, II, 577, G. DEVEREUX, “Mujer y mito”, México 1989, G. SECCHI, “Diccionario de mitología universal”, Madrid 1993, 233).

Estos principios sagrados de la vida y de la risa en el Universo se reproducen en las culturas con similares características bajo las figuras reiteradas de diosas o mujeres divinas o divinizadas, fecundas o fecundadas. En Polinesia se trata de la diosa lunar, la tierna y sonriente Hina (cfr. P. GAUGUIN-Ch. MORICE, “Noa Noa. La isla feliz”, Buenos Aires 1942). En Africa es Mami Wata, divinidad acuática y risueña, o Yemayá, la madre de la vida y de todos los orichás, dueña de las aguas del mar, que ríe a carcajadas y da vueltas en el agua como las olas, presente en la cultura afroamericana del Caribe y de Brasil (N. BOLIVAR, “Los orishas en Cuba”, La Habana 1990, 91-93, “Mami Wata. Das Lachen der Wassergötin”, en H. CHRISTOPH-H.OBERLANDER,

“Voodoo. Gemeine Macht in Africa”, Köln 1995, 216-239). En México se trata de Xochiquétzal, la “diosa verdadera, tan adorable y tan alegre”. Las mujeres encargadas de su culto probablemente fueron los modelos de las famosas “caras sonrientes” de Totonicapán (F. ANTON, “La mujer en la América antigua”, México 1975, 61). En la mitología guaraní de América del Sur, por su parte, existe la figura de Ma´e-hory (“Mirada risueña”), origen de la nación tupí, quien, casado con Tupinambá, instaló su hogar en las riberas fértiles del Amazonas (D.M. GONZALEZ, “Folklore del Paraguay”, Asunción 1993, 73). Finalmente, conocemos la clásica figura oriental de Sara, la mujer que desafiando su vejez concibió a Itzchaq, el hijo del placer y de la risa (“Dios me ha dado de qué reír, todo el que lo oiga se reirá conmigo”, Gén 21, 6).

La risa es un signo elemental e inequívoco de lo sagrado de la vida ante el mundo del trabajo, la discordia o la racionalidad profanas. Las civilizaciones y culturas tienden a volcarse hacia estas dimensiones, auspiciando el sentido serio de la vida. Sin embargo, siempre desde adentro o desde afuera de ellas mismas, renace la risa y el sentido del humor, el sentido festivo del mundo, como principio eufórico fundamental e inexcusable de la vida. Este es el sentido más propio de las obras maestras de la cultura cómica popular (como la obra de Aristófanes “Lisístrata” en el siglo V-IV a. C.).

Las culturas y literaturas del mundo conceden, pues, en mayor o menor medida, un espacio a este rasgo fundamental y elemental de la vida. Ciertamente son las culturas y literaturas folklóricas, más profundamente ceñidas a las sabidurías de los pueblos, las que le han concedido mayor espontaneidad, presencia y estimación (cfr. R. MENENDEZ PIDAL, ausp., “Humor en literatura y arte”, en “Gran enciclopedia del mundo”, Bilbao 1972).

En India, el humor y la alegría son concebidos ciertamente como el origen del mundo. Existe la sentencia sánscrita recogida por Rabindranath Tagore: “En verdad, todas las cosas tienen su nacimiento en la alegría eterna” (Anandádhyéva khalvimáni chutáni, jayanté), además de otras suyas (“Tu risa, mujer, es la música de la fuente de la vida”, etc). Una de las personalidades místicas más sobresalientes de la India es la figura especialmente risueña de Ramakrishna, el sacerdote de la gran diosa maternal y lúdica del mundo Kali (“Ramakrishna se rió como él sabía hacerlo, con su alegre risa de niño”) (R. TAGORE, “Recuerdos”, Barcelona 1961, R. ROLLAND, “La vida de Ramakrishna. Ensayo acerca de la mística y la acción de la India viviente”, Madrid 1931).

En Africa y en las demás culturas afroamericanas hasta la actualidad, la risa tiene una valoración privilegiada como expresión de vitalidad inextinguible. En Senegal los antepasados son llamados “almas risueñas”. Entre los bambaras de Sudán el nivel superior de la vida espiritual se caracteriza por el gozo, el placer y la alegría correspondiente a la entrada del alma en el dominio de la fecundidad y la procreación. Estos místicos africanos, los koré dugaw, se entregan a las hilaridades y jocosidades más festivas, remedando burlescamente las cosas serias: “Por la comicidad que crean y la risa que ésta provoca son expresión de la vida que no se preocupa ni de reglas ni de barreras, de la vida que se burla de topes y limitaciones.” (D. ZAHAN, “Espiritualidad y pensamiento africanos”, Madrid 1980, 251). La risa en Africa se concibe como un fluído o una humedad vital propia y característica del hombre. Es una palabra que libera, que rompe las cadenas, como las aguas desbordantes de los ríos y de los mares. El escritor afroecuatoriano Adalberto Ortiz ha dicho: “Un río es la eterna risa de los negros en el oscuro rostro de la selva virgen.” La risa alcanza a tener una fuerza independiente por sí misma. En el lenguaje del autor yoruba Amos Tutuola: “Aquella noche conocimos personalmente la risa, pues después de que cada uno de ellos hubo acabado de reír, la risa siguió riendo durante dos horas... No sabíamos el tiempo que llevábamos riéndonos con ella, pero nos reíamos únicamente de la risa de la risa,... Finalmente, le pidieron a la risa que hiciera el favor de parar; pero ella no podía.” (cit. en J. JAHN, “Muntu. Las culturas de la negritud”, Madrid 1970, 121-122).


En la cultura árabe la risa y el humor fueron singularmente apreciados. Así lo experimentó el propio Mahoma (570-632 d. C.), el profeta del “riente y alegre Paraíso”: “Según la tradición, Mahoma utilizaba con gracia y sutileza la broma, y de él se decía que era el más festivo de los hombres.” (J.E. GURAIEB, “Sabiduría árabe”, Buenos Aires 1949, 245). Especialmente proclive al humor y la comicidad fue el mundo cultural y literario árabe musulmán de España. En el siglo XI Ibn Hazm de Córdoba recuerda al sabio y piadoso cadí Mundir ibn Sa´id como el hombre “más chistoso y chocarrero” (“El collar de la paloma”, 1022). En el siglo XII el poeta popular Ibn Kuzman cultivó profusamente en sus cancioneros el humor y los chistes juglarescos y callejeros de Córdoba (“Cuando muera, éstas son mis instrucciones para el entierro: / dormiré con una viña entre los párpados;...”, etc). En el siglo XIII el santo y milagroso Abu Ali al-Chakkaz, de Sevilla, se caracterizó por sus chistes y bromas. El visir de Granada Abu Bakr Muhámmad ibn Asim (1359-1426) compuso “Acerca de respuestas felices que despiertan la risa”. Este fue el marco cultural en que se inscribió el “Libro de Buen Amor” de Juan Ruiz en el siglo XIV español. La jocosidad y el humor hispano-árabes impregnaron el mundo cristiano de la Península, otorgándole

una especial alegría y gozo de vivir. El arcipreste de Hita no gustó de tristezas ni cuadros sombríos. Cantó los gozos y no los dolores de la Virgen. Aspiró a que el hombre “entreponga plazeres e alegre la razón, / que la mucha tristeza mucho coidado pon” (“Libro de Buen Amor”, 44). Todo este trasfondo cultural hizo que en España quedara como un legado permanente el estilo de vivir según las fuentes orientales árabes. Ante la herencia latina de Occidente, la literatura popular de España y Portugal recordó siempre el sentido cómico original de la vida. Según los versos del cancionero de Juan Alfonso de Baena en el siglo XV: “Señor, lo tercero e mas provechoso / es que non tomedes ningunos pesares / mas muchos plazeres, oyendo juglares / con gesto riente, gentil, deleitoso: / a todos muy franco, cortés, gasajoso, / algunas vegadas cantando, tañiendo, / con lindos fidalgos folgando e riendo /...” (cit. en R. MENENDEZ PIDAL, “Poesía juglaresca y juglares. Aspectos de la historia literaria y cultural de España”, Madrid 1924. Sobre la cultura oriental y festiva de España, cfr. C. SANCHEZ-ALBORNOZ, “La España musulmana”, Buenos Aires 1946, A. CASTRO, “España en su historia”, Barcelona 1983, W. BEINHAUER, “El humorismo en el español hablado”, Madrid 1973).

En Indoamérica el sentido de la risa y el humor se asoció al esplendor de la vida con explícitas resonancias sagradas. La cultura y literatura nahuatl de México vincularon la risa a la vitalidad del amor y la verdad, a los tradicionales fundamentos del ser en las flores y los cantos (in xochitl in cuicatl). Según la inspiración erótica del Canto de las Mujeres de Chalco (Chalca Cihuacuícatl, siglo XV d.C.): “Deseo y deseo las flores, / deseo y deseo los cantos, /.../ Ven a unirte, ven a unirte: / es mi alegría. /.../. Habremos de reír, nos alegraremos, / habrá deleite, yo tendré gloria, /...” (M. LEON-PORTILLA, “Literaturas indígenas de México”, Madrid 1992, 285-290). La expresión lúdica del ser humano expresó la verdad de la risa junto al agua y a la complacencia divinas: “Yo soy el travieso: flor es mi canción: /.../ Diferentes flores voy esparciendo, / vengo a ofrendar cantos, flores embriagantes. / ¡Ah, soy el travieso, que vengo de allá / donde el agua sale! /.../ Vengo a deleitar al dios. /.../. Yo, el guiñador de ojos, el que andaba riendo, / de dentro del patio vengo. / En flor vengo a convertirme yo,...” (J. ALCINA FRANCH, “Floresta literaria de la América indígena”, Madrid 1957, 101-103). La risa fue signo de fecundidad y regocijo sagrados. Las pequeñas divinidades lunares y campesinas de las cosechas, de la abundancia, de la embriaguez, y del octli o jugo del maguey fermentado, fueron los Cuatrocientos Conejos sonrientes (centzon totochtin) (J. SOUSTELLE, “El universo de los aztecas”, México 1986, 20, 55, 85-86). La fiesta del Universo junto a la gran diosa madre Tonantzin conduce a la Tierra de las flores o Tierra de la verdad (Xochitlalpan). Gracias a ella los nahuas experimentan una alegría sagrada que no logró enajenar la expansión europea del siglo XVI (este es el sentido vitalizador y optimista del Nican Mopohua o relato náhuatl de la aparición de la diosa Tonantzin-Guadalupe en 1531).

Las culturas guaraníes y mapuches confirman el vigor y la importancia del buen humor, la alegría y la risa en Indoamérica del Sur. La lengua guaraní ofrece una rica variedad para designar la excelencia y complejidad del lenguaje del humor:




Pucá Risa

Pucá Reír / Reírse

Pucavi Sonreír, sonreírse

Pucagui Sonrisa

Pucapó Risa súbita, risotada

Pucapucú Carcajada, risa continuada

Pucasororó Carcajada, risa estrepitosa

Pucahá Hazmerreír

Vi´á Alegre / Contento / Feliz / Achispado / Divertido

Vi´á Alegrarse / Regocijarse / Divertirse / Gozar /

Sentirse dichoso



Rovi´á Alegrar / Divertir / Recrear / Aquerenciar /

Dar gusto y placer / Complacer



Ovi´ava El dichoso, el contento, el bienaventurado

Mbovi´á Alegrar / Divertir / Recrear / Regocijar /Aquerenciar

Toriva Feliz / Alegre / Risueño / Jocoso

Tori Alegre / Feliz / Dichoso / Risueño / Regocijo /

Júbilo


Hori Estar alegre, alegrarse

Ñembohori Alegrarse

Anghori Alegría, consuelo

Mbohori Alegrar, contentar, agradar

Rohori Agasajar / Alegrar / Festejar / Congratular /

Felicitar



Yererohori Alegrarse / Festejarse / Ser agasajado

Porombohori Alegrar a la gente

Ivitori Tierra de la alegría

Heteaé Estar alegre, de buen humor

Tetea´é Animado / Alegre / De buen humor

Mbohetea´é Animar, alegrar, avivar, ocasionar buen humor /

Desperezar / Alentar



Apiraí Burla

Aruaí Burla, chocarrería

Yoyái Burlarse, reírse de

Ñemboyarú Bromearse / Chancearse

Mboyarú Bromear, chancear / Retozar / Acariciar

Taveá Burlarse / Mofarse / Chancearse / Farrear /

Tomar el pelo



Kiritó Dios (en sentido humorístico)

Frente a esta riqueza lingüística para designar los fenómenos del humor, el guaraní tiene tan sólo un vocablo para designar lo serio, y que quiere decir lo mismo que grave, cargoso, fastidioso o lerdo (pohii). El blanco cristiano como gran señor o ´señorón´ es identificado como hombre serio (caraiguasú) (cfr. A. JOVER PERALTA-T. OSUNA, “Diccionario guaraní español y español guaraní”, Buenos Aires 1950). Según el folklore guaraní, Tupá (Dios) concedió al hombre el atributo de la risa para estar alegre, combatir la adversidad y distinguirse de los demás seres vivos (M. CARDOZO OCAMPO, “Mundo folklórico paraguayo. II. De la tradición oral. Mitos, leyendas y cuentos paraguayos”, Asunción 1991, 32).

Los mapuches de Chile revelaron un sentido del humor y de la alegría que dió cuenta de su refinada cultura y creencias religiosas. “Los indios chilenses son por la mayor parte coléricos sanguíneos, de alta estatura, huesos sólidos y cuerpos fornidos y membrudos, rostros hermosos y colorados, aunque trigueños, de suerte que siempre andan representando alegría,...Era este Michimalongo de buena estatura, muy fornido y animoso; tenía el rostro alegre y agraciado, tanto, que aun a los mesmos españoles era amable.” (P. MARIÑO DE LOBERA, “Crónica del Reino de Chile”, siglo XVI). Lo mismo advirtió Pineda y Bacuñán en su amigo Quilalebo. Este era un “viejo de buen humor y de buen gusto”, “chancero y decidor, y de jovial y alegre natural” (“Cautiverio feliz”, CHCH III, 473-474).Con humor tomaron las amonestaciones de los blancos cristianos. Un obispo de Concepción informó a Roma en 1769: “Cuando son inducidos a cumplir los mandamientos bajo la amenaza de las penas del infierno, responden con risa que su frío va a vencer los ardores del infierno y que, sin embargo, entretanto deben observar sus ritos.” (cfr. F. ALIAGA, “Relaciones a la Santa Sede enviadas por los obispos de Chile colonial”, Santiago 1974, 130). La fama del carácter festivo de los mapuches traspasó las fronteras naturales de los Andes: “La llegada de los del lado de Chile trae la alegría” (Akulu ta nguluche mulei ayen) (T. GUEVARA, “Folklore araucano”, Santiago 1911, 47). La onomástica de los indios de Chile, apenas cristianizada, grabó personalmente estos rasgos del humor y la risa. Obsérvense estos nombres de los siglos XVIII a XX:

Francisco Teyenante (Día de alegría) Calbuco 1720

María Ayelante (Sol risueño) Curaco 1770

Ursula Teyen (Regocijo) Calbuco 1790

Rosa Ayalquintui (Mira riendo) Quetalco 1862

José Truitrui (Muy alegre) Panguipulli 1900

José Ayaquintui (Miró riendo) Tenaún 1912

(P. A. VALENZUELA, “Glosario etimológico de nombres de hombres, animales, plantas, ríos y lugares...”, Santiago 1918-1919). Los fundamentos de la alegría y el regocijo fueron de carácter religioso. Esto se aprecia en los cantos chamánicos de las machis: “Dotada de estos remedios, / feliz y contenta te alabo / desde el fondo del alma, Señor, / y te canto alegremente;.../. Vigoriza el corazón, / dándole nuevos pulsos;.../ y que goce de nuevo / de mucha alegría grande./.../ Señor Dios, confío en tí y te ruego / que me des paz, tranquilidad y gozo; / alegría y felicidad para vivir, / contenta y satisfecha para seguir / el camino de la alegría y vida. /.../ El Jefe de la alegría y felicidad del cielo / intervino y favoreció mi elección de machi. / Ea, arriba, arriba mi corazón de alegría y felicidad.” (M. ALONQUEO, “Instituciones religiosas del pueblo mapuche”, Santiago 1979, 62, 86, 93, 100).


(Bibliografía: H. FEHRLE, “Das Lachen im Glauben der Völker”, en Zeitschrift für Volkskunde. Neue Folge, vol. II, 1930; P. PETIT, “3000 años de humor”, Barcelona 1969, M. BACHTIN, “Carnaval y literatura. Sobre la teoría de la novela y la cultura de la risa”, en Eco (Bogotá) 129, 1971, 311-338, A. VASQUEZ DE PRADA, “El sentido del humor”, Madrid 1976, J. DUVIGNAUD, “El sacrificio inútil”, México 1979, E. SOURIAU, “Vocabulaire d´Esthétique”, Paris 1990, art. “Rire”, pp. 1233-1237, K.-J. KUSCHEL, “Lachen. Gottes und der Menschen Kunst”, Freiburg-Basel-Wien 1994).

II. OCCIDENTE Y LA PROBLEMATIZACION DE LA RISA


1. La tragedia griega.


En el origen de las creencias y mitologías predominantes de Occidente se situó el culto a los héroes a través de la seriedad de la tragedia griega. El héroe primordial fue Ulises, rey de Itaca, “el de largo sufrimiento”, “el saqueador de ciudades descendiente de Zeus”. La acción de Ulises se representa por la muerte, la astucia, y el botín de guerra: “Tomé a saco su ciudad y maté a su gente y fuera de la ciudad sacamos a las mujeres y sus muchas riquezas, y nos las repartimos...” (“Odisea”, Canto IX).

Aquí no hay lugar para el sentido del humor o del amor.

¿Qué religión o divinidad inspira estas acciones heroicas? Una figura especialmente explicativa es la diosa Atena-Minerva, la protectora de Atenas y de los héroes, la diosa virgen de la ciudad próspera y floreciente, de las virtudes cívicas y de la guerra, de las empresas industriosas, la protectora de Ulises. Como su protegido, ella es “la saqueadora”. Ella no conoció ni se interesó por el amor, rechazó siempre los requerimientos amorosos. Antes bien, ella es la virgen inmaculada que conduce a los ejércitos. Junto a ella “el Terror cuelga como una guirnalda, y allí está el Odio, y la Fuerza del Combate, y el Homicidio que hiela el corazón,...” (“Ilíada”, Canto V). Si sonríe lo hace de forma irónica y en el contexto de la guerra (“Odisea”, Canto XIII). Su virginidad es el símbolo de la invencibilidad de la ciudad de Occidente.

Por eso ella está en contraste con Afrodita, la diosa del mar y del amor, la “amante de la risa (“philommeidés”, que gusta de reír). Según la “Ilíada” Atena y Afrodita actuaron en campos opuestos.La primera, junto a los griegos; Afrodita, junto a los troyanos, del Asia Menor. Incluso, Atena tomó la iniciativa de agredir a Afrodita. Esta última, herida, terminó aconsejada por Zeus de despreocuparse de la guerra para dedicarse a los “preciosos secretos del matrimonio” (Canto V). En la visión política de Homero, entonces, el amor y la risa debían quedar en el ámbito derrotado de lo privado. Lo público y triunfante fue el ámbito serio de la viril Atena-Minerva nacida de la cabeza de Zeus, “el Pensador”, y símbolo de la voz tonante de Zeus. Esta mitología de Occidente fundó una inequívoca degradación de la risa y de su símbolo divino, “la amante de la risa”, “la sonriente Afrodita”.

En el siglo IV a. C. Aristóteles confirmó esta fundamental mitología de Occidente. El filósofo sostuvo en su “Etica a Nicómaco” que lo serio era lo rector de la vida y que lo cómico constituía una deficiencia moral o estética (X, 6, 1.176 b). Y aún agregó: “Ahora bien, la risa es una forma de engaño y desconcierto;... lo que nos coge desprevenidos tiende a engañarnos, y esto es también lo que origina la risa;...” (“Problemata”, XXXV, 6, 965 a). En su “Poética”, donde se propuso definir las características de la tragedia, terminó diciendo que lo que incitaba a la risa era lo “feo y deforme”. Los griegos descubrieron reírse a costa de los defectos ajenos (“Poética”, V, 1, 1.449 a) (cfr. Andrés VÁSQUEZ DE PRADA, “El sentido del humor”, Madrid 1976, 29-30, 72, 159).

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